Muralismo mexicano

  1. El arte como herramienta de transformación política

“El pueblo a la universidad y la universidad al pueblo”

David Alfaro Siqueiros (1896-1974)

Si bien no todos utilizaron la misma técnica y materiales, y algunos eligieron temas divergentes en sus obras se puede hablar en general del muralismo mexicano como una corriente cultural, política y original de características únicas.

Se perseguía el objetivo final de exhibir obras monumentales que debían ser entendidas y asimiladas por el  pueblo en su conjunto. En distintas imágenes se puede apreciar el fragor de la lucha social, la realidad de los oprimidos, la “mexicanidad” y el rico bagaje patrimonial de los tiempos precolombinos.

En más de una pieza se refleja la crisis política que devino luego de la Revolución. El rasgo común de las piezas basaba su sentido en una dimensión monumental y eminentemente pública, de raigambre popular y con fines didácticos. De hecho, sentó las bases del “arte didáctico” en América Latina y tuvo plena vigencia hasta fines de los años 50. (Camnitzer, L. 2009, 150). Allí donde algunos imponían un academicismo europeísta este grupo de artistas puso en valor lo más profundo de las raíces mexicanas.

A través de sus murales, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera se transformaron en relatores de la historia mexicana y del sentimiento nacionalista del momento. Los elementos centrales de estos trabajos artísticos ponían especial énfasis en la figura humana (latina) y la profusión de color.

En cuanto a la técnica, en general, aprovecharon las posibilidades expresivas del fresco[1] y de la encáustica[2] sobre la superficie de los edificios públicos. Poco a poco se incorporaron materiales innovadores y procedimientos que garantizaran larga duración en este tipo de puesta al aire libre.

David Alfaro Siqueiros (1896-1974) entendió la expresividad a través del arte como una consecuencia más de su militancia política. Participó activamente en la defensa de los ideales del Partido Comunista y se embarcó en misiones de resistencia, que le dieron un panorama preciso de la lucha del campesinado y su realidad. Mantuvo una relación ambigua con el Estado posrevolucionario, que lo veía como embajador cultural pero potencial “peligro” en una posible subversión del orden conseguido. (Azuela de la Cueva A., 2008)

De la dictadura de Porfirio Díaz a la Revolución (1957-1965)

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Hacia 1921 Siqueiros publicó en España la revista “Vida Americana” donde detalló los lineamientos que debían seguir, según él, los artistas latinoamericanos. “Tres llamados a los artistas plásticos de América” contenía propuestas estéticas e ideológicas para plasmar en el arte un nuevo espíritu de realizaciones “con sentido” o, mejor dicho trascendental.

José Clemente Orozco (1883-1949) se unió en 1922 al Sindicato de Pintores y Escultores para incorporarse como hacedor cultural bajo el mecenazgo del gobierno. Tal como sucede con los tres artistas seleccionados, la obra de Orozco es atravesada por la experiencia revolucionaria. Como él mismo describe en su propia autobiografía “lo mejor de mi existencia se ha desarrollado en la llamada época revolucionaria y en esta ferozmente guerrera de convulsiones espantosas”. (Orozco J., 1999, 12) En esta misma obra describe la búsqueda de los propios intereses artísticos más allá de la tendencia formalista y propensa a mirar al Viejo Continente.

Elementos presentes en Orozco son los trazos profundos, el juego de contrapunto entre sombras y luz, y el hombre como protagonista central. Pero un hombre atribulado, en constante encrucijada, desgarrado y carnal. Su impronta busca conmover y enviar un mensaje que deje huella, como él mismo expresa, no le interesa precisamente agradar: “a la mayoría le gusta mucho el azúcar, la miel y el caramelo. El arte diabético. mayor cantidad de azúcar, mayor éxito…comercial” (Orozco J.,1999, 72).

Katharsis (1934-1935)  Museo del Palacio de Bellas Artes

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Diego Rivera (1886-1957) al igual que los mencionados ut supra tuvo residencia en distintos países además de México. Visitó Ecuador, Bolivia, Argentina y absorbió de cerca las corrientes en boga en España y Francia. Tal como le sucedió a Siqueriros fue expulsado del Partido Comunista Mexicano. Logró plasmar una de sus obras con mayor contenido social e ideología comunista en el mismo centro del mundo capitalista, en lo que luego sería el conocido Rockfeller Center. “El hombre en el cruce de caminos” (1934) fue la propuesta para vestir la entrada del edificio RCA en la ciudad de Nueva York.

En esta imagen se retrata al ser humano como dueño y artífice del destino por medio de los avances de la ciencia y la tecnología. A la izquierda y a la derecha están los grandes dioses que acompañan el “progreso” aunque sin manos y sin cabeza. Hay que notar que esta puesta es posterior a la crisis de 1929 y una de las más grandes debacles del sistema financiero y especulativo capitalista. [3] El rostro de Lenin[4] a la derecha terminó de desatar la ira de uno de los hombres más poderosos en Estados Unidos, en ese momento, John D. Rockefeller Jr. El mural fue inmediatamente tapado y destruido. Rivera recrearía la misma imagen, más tarde, en México.

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[1] Se denomina así a la pintura que se realiza sobre la pared cuando el estuco todavía está húmedo.

[2] Técnica que utiliza a la cera como aglutinante de pigmentos. La pintura se aplica con un pincel o con una espátula caliente y el acabado se realiza sobre la cera sin enfriar.

[3] Una de las más devastadoras caídas del mercado de valores en la historia de la Bolsa en Estados Unidos.

[4] Vladímir Ilich Lenin (1870-1924)  político ruso, teórico comunista y líder de la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.