Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres

   Imagen

     Intriga, sexo, morbo, buen relato y personajes atrapantes. The girl with the dragon tattoo lo tiene todo. Hasta una heroína políticamente incorrecta capaz de sodomizar a un hombre, hacer explotar a otro y acostarse con una mujer y un periodista en la misma película.
    Después de haberse hecho con un Globo de Oro al mejor director por su trabajo en The social network, David Fincher vuelve con lo mejor de su particular estilo. Una producción que escapa de los lugares del sub-género de “cintas-con-periodistas” en su trama. Su trabajo en edición le valió un Oscar de la Academia y el que mira agradece; tan bien armada está que 158 minutos se escurren sin pena.
    Podría decirse desde la narrativa que The girl with the dragon tattoo tiene estructura de “caja china”. El director presenta las historias una dentro de otra y complejiza la trama de forma paulatina logrando un clímax casi perpetuo. Sin haber leído la saga de Stieg Larsson, me atrevo a decir que Stieg habrá quedado “chocho de contento” con el resultado.
    Daniel Craig, (Casino Royale y 007: Quantum of Solace) es contratado para investigar un supuesto asesinato en una familia macabra que además de jugosos negocios tiene secretos oscurísimos para ocultar. Craig viene de perder credibilidad en un juicio y  decide emprender la búsqueda de la desaparecida. En el medio de su pesquisa descubre la necesidad imperiosa de una ayudante, allí entra en escena la esquiva Lisbeth Salander.
    Rooney Mara resulta ser un hallazgo para el papel de la renegada Lisbeth. Una adolescente conflictuada con problemas de fobia social, unas entradas a la cárcel y alguna experimentación con las drogas. Pese al prontuario tiene un don -ya quiséramos todos los comunicadores tenerlo- para observar, investigar, y más específicamente, hackear computadoras. De a poco queremos saber más de ella y porqué se comporta como lo hace en última instancia: “qué oculta”. El misterio está bien salvado y los extremos a los que llega su personaje también. La escena de la violación que padece y su posterior venganza son dos joyas para los cultores del sadismo en todas sus formas. La estética de la violencia en este punto está tan lograda que la distancia entre realidad y ficción se acorta exponencialmente, como sucede en las buenas películas.
    The girl with the dragon tattoo tiene además elementos típicos de la obra de Larsson como el repudio al fascismo en todas sus formas, marcada en la trama por la presencia de nazis en la familia Vanger, o la delicada línea de lo que sería una defensa feminista (en el personaje de Lisbeth) a la reivindicación pura de un individuo en libertad de acción. El autor prefiere la última y Mara lo interpreta a la perfección.
    Sólo hacia el final de la historia hay elementos un tanto inverosímiles pero que  vienen como guiño para el espectador que disfrutó del thriller y de cada escena tensa en su resolución. No hay baches ni momentos que sobren en una cinta que viene con buen antecedente, un libro. Quedará a criterio de los lectores juzgar con qué han disfrutado más. Pero en una industria con pocas producciones loables bien viene ésta aunque no sea creación puramente cinéfila.