Cuando no alcanza ni el hierro

Sabemos que una película fracasa, al menos en su función de entretener, cuando sólo deseamos que llegue a su fin. La pregunta obligada entonces es ¿Cómo se convierte en un tedio irremediable?

La Dama de Hierro es por varias razones ese bofe y vamos a explicar por qué. En principio Phillyda Lloyd (http://www.imdb.com/name/nm1630273/)  se mete de lleno con un género áspero: la biopic. Es difícil contar la vida entera de un personaje y es hasta deseable seleccionar una parte, un aspecto o un enfoque particular para hacerla más abarcable. Cuando se elige a Margaret Tatcher el desafío crece a mares. No sólo por lo controversial y polémico de su figura, sino porque a la intimidad hay que sumarle el peso propio de la historia, la política (nunca simple) y el contexto del tiempo (y no piense el lector que queremos ver sólo “documentales” en la gran pantalla). Nada más alejado. El relato de Lloyd, sin embargo, se parece más al pastiche de un psicótico que a un proyecto premeditado. Nos encontramos frente a una protagonista con demencia senil, que de repente queremos mostrar como líder de un partido (Conservador) en un entorno más conservador aún, ah y sí… que tenía fama de Cruella DeVill. Así pasan de costado los hitos de unos años complejos que se resumen en tres momentos: los ataques del IRA, la Guerra de Malvinas y una desdibujada Guerra Fría. En el medio aparece muy fugaz la presencia de Ronald Reagan (ExPresidente de los EEUU que luego de un estado de bienestar http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_del_bienestar lleva adelante prácticas neoliberales) quien junto a Tatcher simbolizaron el retiro del Estado en algunas naciones en pos de una desregulación hacia el libre mercado. Insistimos en la complejidad de sugerir todo esto en formato celuloide pero es imposible no pensar cómo se hubiera hecho distinto o qué es realmente lo que la directora quiso contar.

Una vez planteada la ensalada de objetivos confusos hay que mencionar el tema de los recursos. Son tantos y tan disímiles en el cine que usar siempre el mismo es un desperdicio y más con una actriz del tamaño descomunal de Meryl a quien le dedicaremos un párrafo aparte. El flashback constante exaspera y sobre todo la forma en que aparece cuando la demencia senil gana y la Tatcher de Streep se pone “melanco”. Coincido con algunos colegas en que el uso del material de archivo está muy desaprovechado y agrego: le quita el poco tempo que puede alcanzar la historia. Ni que hablar del personaje bizarro en el que convierte Lloyd al difunto esposo de la dama de hierro. Sus intervenciones son inoportunas y por lo demás: ¡insoportablemente innecesarias!

Alguien me preguntó: ¿Por qué Meryl acepta participar de un proyecto así? Y dejando de lado la antipatía que puede producirnos como argentinos el papel de la británica hay que pensar: ¿Por qué no? Componer a un ser humano contradictorio y difícil es una tentación que todo actor seguramente desea. Meryl lo hace con todo lo que tiene y logra momentos geniales como el final (que esboza la hipótesis central de la directora) en donde la tesis de “por más hierro y acero que ostentemos nadie quiere morir solo” toma fuerza gracias a los gestos del rostro de ella. Gracias al trabajo corporal de ella. Gracias a los dotes insuperables de llegar a la raíz de un personaje de ella. Gracias a ella. Tal vez es un costado que nos hace parecidos a todos y nos vuelve vulnerables, sin duda un buen enfoque para una historia. Pero a veces ni un gran elenco, ni los mejores efectos, ni el mejor presupuesto alcanza para hacer lo más simple que viene haciendo el hombre hace siglos: contar historias.

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TEXTUALES DEL GUIÓN

Hay que darle algunos créditos a Abi Morgan

…”cosecharás un acto; Siembra un acto; y cosecharás un hábito; Siembra un hábito y cosecharás un carácter; Siembra un carácter y cosecharas un destino…”.

San Francisco de Asís:

“Donde hay discordia, podemos traer armonía. Donde hay un error, podemos traer verdad. Donde hay duda, podemos traer fé. Y donde hay desesperación, podemos traer esperanza.”

“Nos apoyaremos en nuestros Principios, o nada nos Sostendrá”.