La piel que transitamos

FICHA TÉCNICA

La piel que habito (España/2011, hablada en español) / Dirección: Pedro Almodóvar / Guión: Pedro Almodóvar, sobre la novela Tarantula, de Thierry Jonquet / Fotografía: José Luis Alcaine / Edición: José Salcedo / Música: Alberto Iglesias / Diseño de producción: Antxon Gómez / Elenco: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Roberto Álamo, Eduard Fernández / Distribuidora: Diamond Films / Duracion: 117 minutos / Calificación: Apta para mayores de 16 años con reservas

 

 

Pedro Almodóvar ha dicho que “hay procesos irreversibles, caminos sin retorno, viajes sólo de ida. Y esta película cuenta la historia de uno de estos procesos”. Es que para el director, la protagonista recorre involuntariamente uno de esos caminos y se convierte en una versión retorcida de La Metamorfosis de Franz Kafka y en un viaje sin retorno a la más oscura ¿esencia? del ser humano.

No hay momento de rélax en el itinerario. La última estación es sólo una vuelta de tuerca más hacia la sed de venganza. Una venganza teñida por un ego absoluto y un debate sempiterno sobre el hombre que juega a ser Dios.  En el medio, temas tan actuales como los que arroja la Bioética o la identidad de género, la cinta tiene para cortar horas de buen diálogo entre amigos o páginas de un redactor entusiasta.

La sinopsis: un destacado cirujano plástico (el maravilloso, en esta película, Antonio Banderas) se obsesiona con encontrar una piel inmune al daño externo pero sensible a la vez. Pierde a su mujer que, espantada por sus quemaduras luego de un accidente de auto, se suicida. Finalmente concreta su proyecto con la ayuda de una sierva fiel (Marisa Paredes) y, claro, un conejillo de indias muy especial (Jan Cornet).

Los contrapuntos entre los personajes y las contradicciones de cada uno en sí mismo dan tela de corte para rato. La música de Alberto Iglesias acompaña con climas intensos y que no dejarán mucho espacio para la comodidad del espectador. No es una película cómoda y de hecho es eso lo que la hace una pieza de arte atrapante.

Algunos almodovarianos podrían decir que Pedro sin dudas ha dejado su “piel” en esta película. Es que por momentos agradecemos la presencia de momentos kitsch que descomprimen el drama. De a ratos pensamos qué tan espesa puede volverse la lucha y las actuaciones nos sumergen en un río de sentimientos encontrados y cornisas de moral dudosa.

La estética en general abunda en una imagen cuidada y aséptica, como la de los quirófanos. Por lo demás, con la belleza de Elena Anaya es difícil no entrar en el mundo interior y femenino de la identidad. Otro tema de la película, que ya lo hemos dicho, abunda en aristas para analizar.

Sobre José Luis Alcaine, el director de fotografía, Almodóvar dijo “no le expliqué lo que quería sino lo que no quería, y él ha sabido proporcionar a la foto la densidad, el brillo y la oscuridad que más le convenían”.

En cuanto a las actuaciones y en esto coincidirán francamente… qué bueno es saber aprovechar un actor como Antonio Banderas, afortunadamente Hollywood no terminó de corroer su fibra y sangre de intérprete, su madera de artista. Se luce, y los demás acompañan con precisión de reloj suizo.

Difícil atravesar todas las capas de una sola sentada. Es que el órgano más extenso que poseemos y el que nos protege, y nos delata, es la metáfora más tentadora que escogió Pedro para meternos en la epidermis que tal vez… no nos atrevemos a mirar.

 

 

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