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Chapeau! (adelanto para www.muchamerd.com.ar)

Mendoza se saca el sombrero: Chapeau para Cassano

Desde Septiembre del año pasado Eleonora Cassano viene presentando “Chapeau”. Un tour-despedida al que no le falta nada para resumir trayectoria y carisma de la vida de esta figura de la danza clásica.

Por Morena Esquivel

Dos funciones en el teatro Plaza de Godoy Cruz se suman a una gira que llevó este espectáculo por distintas provincias argentinas y se trasladará a escenarios de Europa y Asia con broche de oro en Capital Federal que seguro, tendrá invitados especiales.

Muchamerd habló con Eleonora antes de su llegada a la provincia y da placer escuchar el testimonio de una bailarina que dedicó su vida al arte y ahora recoge frutos de años de barra, sudor, perseverancia, prolijidad y esfuerzo. Son ésos los elementos que dan raíces a lo más importante: la interpretación.

Con ese norte el espectáculo se divide en dos partes. Por un lado, una de las óperas comique francesas más conocidas del mundo: “Carmen” de Georges Bizet (1838- 1875). Una obra que revolucionó el género desde sus orígenes y consagró al autor, aunque éste falleciera mucho antes de poder disfrutar las loas del éxito. La coreografía se presentó simple pero contundente y estuvo a cargo de Alberto Alonso.

La historia se da en la españolísima Sevilla, alrededor del año 1820 y el personaje de Carmen dice: “Si tu ne m’aimes pas, je t’aime; si je t’aime, prends garde a toi” (si no me quieres, te quiero; si te quiero, ten cuidado) así se define el carácter indomable de esta gitana. Y así se la vio a Cassano: intempestiva y furiosa. El coqueteo con el cabo Don José y el torero Escamillo está muy bien logrado desde el trabajo coreográfico. El solo del torero es uno de los momentos más deliciosos de la primera parte junto a la plasticidad inverosímil de la “muerte” que acompañó el cuerpo de 12 bailarines en escena. ¿Una imagen de síntesis? El abrazo final en el cuadro entre Carmen y el celoso Don José que termina con un bellísmo grand écart (apertura de piernas) y luz focal blanca sobre ambos. Touché.

La segunda parte es una versión perfeccionada del espectáculo “Entre tangos y milongas” con coreografía y diseño de vestuario de Gustavo Mollajoli y música de diversos compositores del 2×4 del siglo XX. Brillan varias parejas en escena pero el cuadro que luce y hace estallar aplausos es el de Cassano sobre la melodía inefable de Astor Piazzolla. Elegir el ritmo-emblema de Argentina para despedirse de los escenarios habla de una artista que recorrió el mundo representándonos y acercando el “clásico” a la gente.

Se quedan los aplausos cerrados del final para definir lo que vuelve cuando uno pone pasión en lo que uno hace: reconocimiento.

1-Qué resume  “¡Chapeau!, Último Tour” de Eleonora Cassano después de pisar tantos escenarios en más de 29 años

Es difícil pero lo que me está pasando en estas funciones es que las disfruto desde un lugar especial porque hay un componente distinto. Cuando lo bailo, no me doy cuenta pero en el saludo final tomo conciencia de la situación y me agarra un poquito más de emoción.

2- “En lo que menos pienso es en la técnica, cuando estoy arriba del escenario, lo vivo, me entrego y la gente lo recibe así” Vamos a ver a la mejor Eleonora el viernes?

Sí, la verdad es que estoy bárbara. Estoy en un buen momento técnicamente pero no me pasa por ese lado sino que cada vez que salgo al escenario disfruto, me entrego y pongo lo mejor de mí, y creo que la gente lo recibe así. Como bien me leíste es lo que siento, no me importa si me salen 2 o 3 piruetas o si me pierdo en un equilibrio, el baile ya no pasa por ese lado. Me pasa por el disfrute y por la entrega en el momento de hacer la función.

3-Los que alguna vez estuvieron en algún ensayo con Eleonora dicen que no se le pierde detalle. ¿Cómo te sienta el rol de directora? ¿Es lo que se viene en el corto plazo?

Y sí. Me estoy involucrando. En este momento estoy encargada de mi compañía, estoy haciendo la dirección. Y ver los ensayos antes de cada función me encanta. Estoy bailando y al costadito se me escapa el ojo, es como estar en todo y me gusta. Y sí, la idea es formar una compañía, poder tener gente joven y dar la oportunidad de hacer funciones en distintos lugares y con propuestas nuevas.

4- Hiciste de “Julieta”, “Giselle”, “La Bayadera”, “La Bella Durmiente”, “El Lago de los Cisnes”, “La Duarte” entre muchos personajes más… qué tiene “Carmen” de especial para Cassano?

Carmen me permite jugar y estar en una situación parecida a la de mi vida. Desde otro lugar, con este personaje que es tan libre y fuerte y lo juego desde otro lugar ahora. Me permite poner sensualidad, jugar con los personajes, con Don José, con el Torero, aunque en la vida real no soy así. Entonces lo que me permite es poder mostrar cosas que no soy abajo del escenario, y ponerlas arriba del escenario.

5- Tu veta actoral fue muy elogiada, más precisamente el papel de Eva Duarte. ¿Te sentiste cómoda haciendo de Evita?

Sí. Lo que me brindó hacer el personaje de Evita fue increíble. Aprendí y tuve sensaciones completamente nuevas arriba del escenario. Me fui encariñando con el personaje y el personaje fue creciendo. Así como te digo que mi “Carmen” de hace 20 años es totalmente distinta a lo que hago hoy. Con Eva sucedió algo parecido y también fui investigando para lograr la parte interpretativa, fui sumando eso a lo que iba sintiendo. Elaboré el personaje desde mis sentimientos. Como era algo que no estaba hecho me permitió pasarlo por lo personal, sin compararlo con otras cosas y otras formas de hacer de otras bailarinas.

6-Por último, así te dejamos que hagas el viaje a Mendoza tranquila: Cuando mirás para atrás que agradecés de Mirta Furioso, Karemia Moreno, Lidia Segni, Graciela Sultanik y Wilhelm Burmann, tus maestros.

Yo creo que cada uno fue aportando distintas cosas. Por ejemplo María Luisa Lemos, que fue mi primera maestra de primer año en la Escuela del Colón, me enseñó cosas que sigo usando hasta hoy en las funciones. Por ejemplo, me enseñó desde chica a coserme las colitas de las zapatillas de punta. O me corrían por el escenario con el spray, actuábamos de muy chicas, pero evidentemente fueron cosas que me marcaron. Así los distintos maestros aportaron  pequeños detalles que hacen que yo sea lo que soy ahora.

Olé es poco

Ebria, así se puede finalizar una velada con tanta energía, música y despliegue de arte como la de ayer. Teatro Quintanilla, plena Plaza Independencia en el marco de la mendocina Fiesta de la Vendimia. Bienvenidos los espectáculos con el nivel de actuación que tienen estos artistas. El baile puesto en tablas por Claudio Arias y Jorgelina Amendolara  de Bs.As , y el carismático y mendocino Pablo Garay. El cante estuvo a cargo de las melifluas cuerdas de la española Monse Ruano, y hablando de cuerdas destacó, sin dudas, el toque de Rodrigo González.

“Figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar”, una versión flamenca del poema de Alfonsina Storni tuvo las más exquisitas figuras dibujadas con firme taconeo sobre el escenario por Garay.  Entre punta y taco y punta y taco y tac tac tac otra perla fue “Nostalgias”, el tango convertido en españolísimo por la guitarra de Rodríguez.

Por momentos la energía excedía los límites físicos del auditorio y la imaginación inducía a pensar, no sin razón, que en cualquier compás violento pasarían para abajo con el golpeteo de los zapatos.

La combinación del dulce garabateo de las cuerdas con el ritmo de las palmas, el énfasis de la tierra y la gola de un canto pleno de fuego y emoción, invitaban a un viaje sin retorno a lo más gitano y español de cada uno.

Para el final eligieron una bulería que coronó la fuerza en bruto que emerge sin dudas desde algún lugar profundo del alma.

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